En las últimas semanas, Antioquia anunció el impulso del Tren del Río, proyecto promovido por la Gobernación bajo el liderazgo de Andrés Julián Rendón. Esta iniciativa busca desarrollar un sistema férreo multipropósito a lo largo del corredor del río Medellín, con una primera fase entre Niquía (Bello) y Barbosa, integrado al Metro de Medellín.

No es un hecho aislado. Se suma a otros proyectos tipo tren de cercanías como el RegioTram de Occidente, y al debate nacional en torno a la nueva Ley Ferroviaria que busca modernizar el marco regulatorio del sector. Más allá de cada proyecto puntual, lo relevante es el mensaje estructural: el país vuelve a mirar el ferrocarril como eje estratégico de desarrollo.
Los países que avanzan comparten tres decisiones clave
Históricamente, las economías que han dado saltos competitivos sostenidos han invertido de manera decidida en tres frentes:
- Transporte eficiente, capaz de reducir costos logísticos y conectar territorios productivos.
- Infraestructura energética sólida, que garantice confiabilidad y soporte industrial.
- Tecnología estratégica, incluyendo electrónica, automatización y sistemas de alto valor agregado.
El transporte férreo moderno no es solo riel y material rodante. Es señalización electrónica, sistemas de control, potencia, telecomunicaciones y automatización. Es decir, infraestructura física y tecnológica trabajando de manera integrada.
Por eso, cuando el país avanza en proyectos ferroviarios y simultáneamente discute marcos para fortalecer sectores como la electrónica y los semiconductores, no son conversaciones separadas: son piezas de una misma ecuación de competitividad.
Desarrollo logístico + desarrollo tecnológico = competitividad real.
Un momento de decisiones estructurales con el Tren del río y otros proyectos
Colombia parece estar en un punto de inflexión. La reactivación ferroviaria regional y la actualización normativa indican que va en camino de tomar decisiones que trascienden gobiernos y periodos administrativos.
Esto implica tres reflexiones que se convierten en retos para la industria:
- La infraestructura no es solo construcción; es planeación de largo plazo.
- La industria nacional debe fortalecer capacidades técnicas y estándares internacionales.
- La ingeniería colombiana puede y debe participar tanto en proyectos de infraestructura como en desarrollos tecnológicos asociados.
El avance ferroviario plantea una responsabilidad clara: estar preparados para aportar soluciones con rigor técnico y desarrollo local. Cada paso en infraestructura es también una oportunidad para que la industria responda con conocimiento, estándares y ejecución eficiente.
La ventaja es que cuando el país fortalece su infraestructura y su base tecnológica, no solo mejora hacia adentro: también se prepara para consolidarse como aliado estratégico en mercados internacionales cada vez más exigentes.
Colombia en la ecuación global
Cada tramo que avancemos —dentro y fuera del país— será parte de ese posicionamiento, porque la capacidad y la pujanza de nuestra industria se fortalecen cuando infraestructura, tecnología y producción nacional avanzan de manera articulada.
Lograr que el sello “Hecho en Colombia” sea cada vez más valorado y reconocido será una responsabilidad compartida por toda la industria.


